El centro educativo debe ser un lugar de búsqueda permanente del desarrollo integral de la persona, que posibilite un desarrollo armónico y equilibrado que abarque todas las capacidades: personales, sociales, intelectuales, religiosas, comunicativas, afectivas, artísticas, etc. Esta voluntad de acercar a cada persona a su plenitud, tanto en su dimensión individual y social como en la trascendente, se basa en formar personas libres, vinculadas con los demás, dentro de un ambiente educativo de confianza y buscando un clima de afán y gusto por el aprendizaje, desarrollo del esfuerzo personal y de la exigencia interior y de la autonomía.













